La conductora y el superpoder de las personas.

Veréis:

Yo subo a la facultad cada día en autobús, sin excepción, y el 90% de las ocasiones a la misma hora. Y, como es normal, cuando tomas el mismo medio de transporte terminas conociendo a las personas que lo conducen. Te quedas con sus caras (no en el mal sentido), con su personalidad, su forma de recibirte… y, aunque suelen cambiar, terminas encontrándote siempre a los mismos cuatro conductores de siempre. Y, obviamente, te acostumbras y esperas verles cada día. Lo que nunca cambia en mi caso es que son todos hombres. Reconozcámoslo; en esa profesión la gran mayoría de empleados pertenecen al sexo masculino.

Sin embargo, hace unas semanas pasó algo inusual. El autobús paró, me subí y me dispuse a sacar mi tarjeta. Mi sorpresa vino cuando alzé la vista y vi que quien iba al volante era una persona que no había visto antes: una mujer de unos 20 y pico, de rostro redondo y sonrojado, con el atuendo oficial de conductora y un moño tremendamente cuidado.

No quiero que esto se interprete como una creencia personal de que las mujeres no deban conducir autobuses o algo por el estilo. El hecho objetivo es que no es común encontrar en mi zona a una mujer conduciendo el 611A.

Me recibió con un “muy buenos días” y una sonrisa brillante de oreja a oreja. Me preguntó mi destino acompañado de un “A clase, ¿eh?”.

Me senté en la primera o segunds fila y observé mientras la gente se subía (Gente a la que por supuesto ya conozco, tras haber tomado el mismo autobús juntos tantas veces).

 

Young smiling man looking through bus window

 

Entonces sucedió algo que, a mi parecer, es increíble. Las caras largas de cansancio y monotonía de los usuales pasajeros, además de mostrar una expresión de sorpresa, cambiaron por completo tras el cálido saludo y la sonrisa de esta amable conductora. Sonreían, andaban más despacio… e incluso se sentaban con otro pasajero a pesar de haber parejas de sitios desocupados.

La sóla actitud de una persona y una cara que comienza tu día de forma agradable tiene un efecto brutal: casi más bien un superpoder. El superpoder de contagiar el espíritu y hacernos mejores.

Lo mejor de todo es que esto no queda limitado al 611A hacia Madrid. Esta magia tan humana y al mismo tiempo sobrenatural se encuentra en todas partes; es ubicua, ¡omnipresente!

Y por supuesto tampoco es un don concedido a unos pocos. Debemos aprender y recordar que todos podemos sacar lo mejor de nosotros mismos y así sacar lo mejor de las demás personas.

 

A mi me lo recordó una mujer enérgica, optimista y sonriente. En definitiva, una gran persona.


 

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